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    Marquetti vs. Gourriel: ¿los jonrones más espectaculares?

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    Marquetti vs. Gourriel: ¿los jonrones más espectaculares? Empty Marquetti vs. Gourriel: ¿los jonrones más espectaculares?

    Mensaje por Cubanodeacero el Dom 01 Ago 2010, 3:28 pm

    En la rica historia del béisbol cubano se recuerdan muchos cuadrangulares que han sobrevivido la dura prueba del tiempo y hoy quedan en la memoria por diferentes razones. Algunos igualaron un partido decisivo como aquel de Pedro Medina en la Copa Intercontinental de Edmonton, en 1981, frente a Estados Unidos, en el noveno inning, con dos outs, o el de Lourdes Gourriel, en el Mundial de Parma, en 1988, también contra los norteamericanos, una vez más en la última oportunidad ofensiva de la selección nacional.

    Otros jonrones dejaron tendidos sobre el terreno a los rivales y nadie mejor para estos momentos que Agustin Marquetti, el hombre que decidió el Mundial de Nicaragua, en 1972, con un largo cuadrangular y catorce años después provocó una explosión colectiva de júbilo en el Latinoamericano, cuando su batazo le dio el título nacional a Industriales.

    ¿Cuál ha sido el más espectacular? Esta es una pregunta que podría tener múltiples respuestas y resulta poco probable que se alcance un consenso, como ocurre con la mayoría de las comparaciones en un deporte que es pasión en esta Isla donde cada uno asegura tener un criterio muy bien formado sobre qué es y cómo funciona un equipo de béisbol.
    MARQUETTI, UN JONRÓN MUNDIAL Y OTRO DE COLOR AZUL


    Marquetti, todo un ídolo en la capital cubana
    El Mundial de Nicaragua, en 1972, llegó a su jornada conclusiva con un abrazo en la primera posición entre Cuba y Estados Unidos. Ambos tenían el mismo récord: 13 triunfos y una derrota. Los campeones habían caído, de forma sorpresiva, ante Nicaragua por dos a cero; mientras los norteños no pudieron con Japón que presentó en aquel torneo un cuerpo de lanzadores impresionantes al que apenas le anotaron once anotaciones en quince partidos.

    Tal y como se esperaba, el duelo por el título fue en extremo cerrado y en nueve entradas el marcador mostraba un empate a tres carreras. La igualada persistió en el décimo. En el undécimo episodio, Cuba colocó a un hombre en circulación y le llegó el turno a Agustín Marquetti. El fornido zurdo no había tenido su mejor evento y solo promediaba para 264.

    Marquetti aprovechó un lanzamiento bajo del relevista norteamericano, le hizo swing y la pelota tomó altura. El banco cubano quedó vacío para observar la trayectoria de la bola; pero esta, caprichosamente, pasó muy cerca de la varilla que delimita la zona buena en el jardín derecho.

    El lanzador estadounidense respiró profundo. En Cuba de seguro muchos lamentaron los escasos centímetros que faltaron para decretar la victoria. Marquetti volvió a concentrarse y el rival cometió una segunda equivocación: repitió el lanzamiento. Swing frenético y la bola, esta vez sin dudas, sobrepasó la cerca y Cuba entera se estremeció con el cuadrangular.

    Catorce años más tarde, ya en el ocaso de su carrera, Marquetti y los Industriales, dirigidos en aquella ocasión por Pedro Chávez, enfrentaron a Vegueros en el último desafío de la serie play offs entre cuatro equipo de la XXV Serie Nacional. El estadio Latinoamericano tuvo un lleno completo y los fanáticos de la capital esperaban que esa noche su equipo lograra el campeonato.

    El duelo— no podía ser de otra forma— fue muy complicado y en el duodécimo episodio la pizarra continuaba igualada a cinco carreras. En el montítrasero, el lanzador más ponchador de la pelota cubana: Rogelio García. Un hombre logró alcanzar la primera base y le correspondió el turno a Agustín Marquetti.

    Rogelio intentó engañar al ya veterano atleta, pero su peligroso y temido lanzamiento de tenedor quedó alto. Swing y la pelota se perdió en la oscuridad de la noche hasta caer en la segunda sección de las gradas del jardín derecho. Industriales, luego de trece años sin títulos, volvía a levantar la copa de campeón.

    GOURRIEL ARRUINÓ LA NOCHE DE ABOTT

    En 1988 Cuba enfrentó uno de los Mundiales más complejos de su historia. Un año antes, en los Panamericanos de Indianápolis, la selección norteamericana derrotó a la cubana en la clasificatoria y estuvo a punto de repetir el éxito en el partido por el oro; sin embargo, el oportuno bateo antillano y el excelente relevo de Omar Ajete propiciaron el reñido triunfo.

    Para el Mundial de Italia los estadounidenses presentaron un equipo similar al de Indianápolis, con hombres que luego serían estrellas en las Grandes Ligas como Robin Ventura, Tino Martínez y Andy Benes. En la primera fase el juego favoreció a los cubanos, aunque con un cerrado marcador de 10 a 9.

    Ya en la discusión del campeonato, los estadounidenses colocaron en el montítrasero a un lanzador con una característica nunca antes vista: el zurdo Jim Abott era manco; no obstante, el jugador había perfeccionado notablemente su técnica y sus envíos superaban, sin problemas, las noventa millas.

    Durante ocho capítulos Abott contuvo a la ofensiva cubana a la que solo permitió una carrera; mientras sus compañeros lograron anotar tres, en gran medida por los dos cuadrangulares del cuarto bate, Tino Martínez.

    En esa situación se arribó al cierre del noveno capítulo. Luis Giraldo Casanova conectó un batazo por tercera base y el árbitro, en una decisión errada, decretó que el cubano había llegado a la base primero que el tiro. Entonces vino a batear Lourdes Gourriel.

    El conteo se puso a su favor y Abott intentó marcar con una recta que se le quedó alta. Gourriel aprovechó ese desliz; hizo swing y la bola comenzó a alejarse hasta pasar por encima de la enorme cerca del jardín izquierdo y de esta espectacular manera Cuba empató el partido a tres anotaciones. Algunos minutos y bateadores más tarde, Lázaro Vargas disparó el indiscutible final y Cuba mantuvo la corona universal.

    A partir de ese día de septiembre de 1988, Gourriel fue—todavía es y probablemente siempre sea—reconocido bajo el epíteto de “Héroe de Parma”.

    Publicado en Habana Radio

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    Marquetti vs. Gourriel: ¿los jonrones más espectaculares? Empty Re: Marquetti vs. Gourriel: ¿los jonrones más espectaculares?

    Mensaje por mildo el Miér 11 Ago 2010, 11:58 pm

    Gracias mi hermano que bueno esta esto
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    Marquetti vs. Gourriel: ¿los jonrones más espectaculares? Empty No puedo descargar el video

    Mensaje por mildo el Jue 12 Ago 2010, 12:03 am

    @mildo escribió:Gracias mi hermano que bueno esta esto

    gracias de nuevo
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    Marquetti vs. Gourriel: ¿los jonrones más espectaculares? Empty Re: Marquetti vs. Gourriel: ¿los jonrones más espectaculares?

    Mensaje por Invitado el Jue 12 Ago 2010, 1:48 pm

    muy bueno este comentario ,pero han indagado sobre los grandes jonrones decisivos del gran surtan de la estaca como lo apodo BOBBY SALAMANCA,el gran PEDRO JOSE ''CHEITO'' RODRIGUEZ,busquen y veran como el gobierno cubano se olvido y le hecho tierra a uno de los que mas gloria le dio al beisbol cubano.
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    Marquetti vs. Gourriel: ¿los jonrones más espectaculares? Empty Gracias cubanodeacero

    Mensaje por mildo el Jue 12 Ago 2010, 9:56 pm

    @Cubanodeacero escribió:En la rica historia del béisbol cubano se recuerdan muchos cuadrangulares que han sobrevivido la dura prueba del tiempo y hoy quedan en la memoria por diferentes razones. Algunos igualaron un partido decisivo como aquel de Pedro Medina en la Copa Intercontinental de Edmonton, en 1981, frente a Estados Unidos, en el noveno inning, con dos outs, o el de Lourdes Gourriel, en el Mundial de Parma, en 1988, también contra los norteamericanos, una vez más en la última oportunidad ofensiva de la selección nacional.

    Otros jonrones dejaron tendidos sobre el terreno a los rivales y nadie mejor para estos momentos que Agustin Marquetti, el hombre que decidió el Mundial de Nicaragua, en 1972, con un largo cuadrangular y catorce años después provocó una explosión colectiva de júbilo en el Latinoamericano, cuando su batazo le dio el título nacional a Industriales.

    ¿Cuál ha sido el más espectacular? Esta es una pregunta que podría tener múltiples respuestas y resulta poco probable que se alcance un consenso, como ocurre con la mayoría de las comparaciones en un deporte que es pasión en esta Isla donde cada uno asegura tener un criterio muy bien formado sobre qué es y cómo funciona un equipo de béisbol.
    MARQUETTI, UN JONRÓN MUNDIAL Y OTRO DE COLOR AZUL


    Marquetti, todo un ídolo en la capital cubana
    El Mundial de Nicaragua, en 1972, llegó a su jornada conclusiva con un abrazo en la primera posición entre Cuba y Estados Unidos. Ambos tenían el mismo récord: 13 triunfos y una derrota. Los campeones habían caído, de forma sorpresiva, ante Nicaragua por dos a cero; mientras los norteños no pudieron con Japón que presentó en aquel torneo un cuerpo de lanzadores impresionantes al que apenas le anotaron once anotaciones en quince partidos.

    Tal y como se esperaba, el duelo por el título fue en extremo cerrado y en nueve entradas el marcador mostraba un empate a tres carreras. La igualada persistió en el décimo. En el undécimo episodio, Cuba colocó a un hombre en circulación y le llegó el turno a Agustín Marquetti. El fornido zurdo no había tenido su mejor evento y solo promediaba para 264.

    Marquetti aprovechó un lanzamiento bajo del relevista norteamericano, le hizo swing y la pelota tomó altura. El banco cubano quedó vacío para observar la trayectoria de la bola; pero esta, caprichosamente, pasó muy cerca de la varilla que delimita la zona buena en el jardín derecho.

    El lanzador estadounidense respiró profundo. En Cuba de seguro muchos lamentaron los escasos centímetros que faltaron para decretar la victoria. Marquetti volvió a concentrarse y el rival cometió una segunda equivocación: repitió el lanzamiento. Swing frenético y la bola, esta vez sin dudas, sobrepasó la cerca y Cuba entera se estremeció con el cuadrangular.

    Catorce años más tarde, ya en el ocaso de su carrera, Marquetti y los Industriales, dirigidos en aquella ocasión por Pedro Chávez, enfrentaron a Vegueros en el último desafío de la serie play offs entre cuatro equipo de la XXV Serie Nacional. El estadio Latinoamericano tuvo un lleno completo y los fanáticos de la capital esperaban que esa noche su equipo lograra el campeonato.

    El duelo— no podía ser de otra forma— fue muy complicado y en el duodécimo episodio la pizarra continuaba igualada a cinco carreras. En el montítrasero, el lanzador más ponchador de la pelota cubana: Rogelio García. Un hombre logró alcanzar la primera base y le correspondió el turno a Agustín Marquetti.

    Rogelio intentó engañar al ya veterano atleta, pero su peligroso y temido lanzamiento de tenedor quedó alto. Swing y la pelota se perdió en la oscuridad de la noche hasta caer en la segunda sección de las gradas del jardín derecho. Industriales, luego de trece años sin títulos, volvía a levantar la copa de campeón.

    GOURRIEL ARRUINÓ LA NOCHE DE ABOTT

    En 1988 Cuba enfrentó uno de los Mundiales más complejos de su historia. Un año antes, en los Panamericanos de Indianápolis, la selección norteamericana derrotó a la cubana en la clasificatoria y estuvo a punto de repetir el éxito en el partido por el oro; sin embargo, el oportuno bateo antillano y el excelente relevo de Omar Ajete propiciaron el reñido triunfo.

    Para el Mundial de Italia los estadounidenses presentaron un equipo similar al de Indianápolis, con hombres que luego serían estrellas en las Grandes Ligas como Robin Ventura, Tino Martínez y Andy Benes. En la primera fase el juego favoreció a los cubanos, aunque con un cerrado marcador de 10 a 9.

    Ya en la discusión del campeonato, los estadounidenses colocaron en el montítrasero a un lanzador con una característica nunca antes vista: el zurdo Jim Abott era manco; no obstante, el jugador había perfeccionado notablemente su técnica y sus envíos superaban, sin problemas, las noventa millas.

    Durante ocho capítulos Abott contuvo a la ofensiva cubana a la que solo permitió una carrera; mientras sus compañeros lograron anotar tres, en gran medida por los dos cuadrangulares del cuarto bate, Tino Martínez.

    En esa situación se arribó al cierre del noveno capítulo. Luis Giraldo Casanova conectó un batazo por tercera base y el árbitro, en una decisión errada, decretó que el cubano había llegado a la base primero que el tiro. Entonces vino a batear Lourdes Gourriel.

    El conteo se puso a su favor y Abott intentó marcar con una recta que se le quedó alta. Gourriel aprovechó ese desliz; hizo swing y la bola comenzó a alejarse hasta pasar por encima de la enorme cerca del jardín izquierdo y de esta espectacular manera Cuba empató el partido a tres anotaciones. Algunos minutos y bateadores más tarde, Lázaro Vargas disparó el indiscutible final y Cuba mantuvo la corona universal.

    A partir de ese día de septiembre de 1988, Gourriel fue—todavía es y probablemente siempre sea—reconocido bajo el epíteto de “Héroe de Parma”.

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